Alejandro Escalante Medina's Weblocked

LiteraturaSep 23, 2008 4:57 pm

Traducción libre de un poema de Barbara Tran:

Al final, así
como al principio: nadie
aprendió nada. Lo vivo
fue muerto y exhibido,
relleno, en el aparador. Los que quedaron
vagaron entre los muertos
preguntándose cómo se veían
cuando estaban vivos en esas posiciones
en que ahora posaban, mismas que
hubieran presenciado
si no hubieran matado
a los ya
muertos.

LiteraturaAug 11, 2008 5:03 pm

gorgeous vision:
you
winter blue
languid goddess
bare breasted
in your shadow gown
always
like a whisper

LiteraturaFeb 14, 2008 7:18 pm

si tan sólo pudiera
estaría corriendo colina arriba

no me duele
¿quieres saber cómo se siente?
¿quieres saber que no me duele?
¿quieres oir del trato que estoy haciendo?
tú. Somos tú y yo.

y si tan sólo pudiera
haria un trato con dios
lo haria intercambiar nuestros lugares
estaría corriendo camino arriba
estaría corriendo colina arriba
estaría subiendo por ese edificio
si tan sólo pudiera

no quieres lastimarme
pero ve cuán dentro está la bala
sin saberlo te estoy haciendo pedazos
oh… hay un trueno en nuestros corazones

¿hay tanto odio por aquellos que amamos?
dime, los dos importamos, ¿no es así?
tú. Somos tú y yo.
Se trata de que tú y yo no seamos infelices

ven amor
déjame robarte este momento
ven angel ven amor
intercambiemos la experiencia

y si tan sólo pudiera
haria un trato con dios
lo haria intercambiar nuestros lugares
estaría corriendo camino arriba
estaría corriendo colina arriba
estaría subiendo por ese edificio

sin problemas

Letra y música: Kate Bush

LiteraturaApr 06, 2007 11:40 am

Este es un cuentito que escribí hace muchos años y que creía perdido. Ahora que lo recupero, mejor lo pongo en línea de una vez. Ojalá les guste.

Empezó a amanecer. Aún temblando jaló las sábanas y deslizó su cuerpo hasta quedar inmóvil, hundida su cabeza en la almohada. Sus manos se aferraron al borde terso del cobertor. Sobre la piel de su mejilla había corrido, desde la comisura del labio, un hilo de sangre delgada. Delineó con la mirada el contorno oscuro de la cómoda donde yacía húmedo y maloliente, su maltratado vestido. Repasó de nuevo las imágenes de esa noche, los largos callejones perdidos en el vaho de las alcantarillas, la luz apenas suficiente para seguir a la chica que, aunque no la había descubierto, aceleraba su paso cada vez más, mirando aprensiva en todas direcciones. La había acechado desde la estación del metro. La desesperación la había llevado a ocultarse con extremo cuidado, a medir sus movimientos sin perder la silueta apenas recortada contra el fondo negro de las calles.

Por fin creyó encontrar el lugar adecuado. La miró sin vacilar junto a un portón que al parecer, conducía a una vecindad. La alcanzó y adivinó en sus ojos —la luna iluminaba débil sus pupilas— un grito que no alcanzó a sonar. Le golpeó la cabeza con un pedazo de madera que había levantado. El cuerpo se desvaneció pero ella alcanzó a rodearle la cintura a modo de librarla de otro impacto. Por un momento se detuvo cansada, habían sido muchos días de continencia. Miró los largos y brillantes cabellos de la chica. La nitidez de su piel. Siguió la línea de sus cejas hasta la estrecha nariz. Sus manos recorrían por debajo de la blusa que se había levantado, la piel intensa de su espalda. La recostó en el suelo mojado y sacó de su bolsillo una afilada navaja que brilló entre sus muros. Volvió a contemplar su cuello dulce e indefenso, pero finalmente se decidió por la muñeca. La incisión liberó una sangre tibia y salada que bebió con apresuramiento mientras le acariciaba los muslos y el llano del vientre. Con un trozo de su falda cortó la circulación a la altura del antebrazo. La miró por último recostada con las baldosas y besó tímidamente sus labios. Había sido su primera vez.

Segura en aquel cuarto hundido en la alborada, recordó cómo había sido para ella. Cómo Claudia, su adorada, su amiga para siempre, la había mordido, ella sí en el cuello, una noche de luna en que habían terminado ebrias y perdidas en algún hotel desconocido. Recordó su poca resistencia ante esos ojos expertos que habían desvanecido todas sus defensas. Al término de aquella noche, cuando la claridad amenazaba la quietud del cuarto y Claudia se había levantado a cerrar la cortina, ella, enfrentando su nueva condición, le había preguntado:

—¿Qué vamos a hacer con el sol que está entrando?

Claudia, besando su frente y acariciando los puntos morados en su cuello, respondió:

—No te preocupes. Dormiremos con la luz.

LiteraturaApr 10, 2006 5:22 pm

Por recomendación de mi buen amigo Jerf me conseguí el número de este mes de Letras Libres y estoy muy contento con lo que encontré. Es un número dedicado al espinoso asunto de la pobreza. No se trata de dar recetas ni mucho menos, pero sí se encuentra uno con visiones frescas e inteligentes de personas como Gabriel Zaid, o esperanzadores y hasta cándidas, como con Muhammad Yunus. Para abrir boca les cito aquí un párrafo de El progreso en bicicleta, del primero:

El gigantismo siente que lo generoso es ofrecer a todos el mejor modelo de vida, que es el suyo: mucha escolaridad, experiencia en grandes operaciones, cumplimiento de formalidades y acumulación de méritos demostrables para ir ascendiendo hasta posiciones estelares. Esta generosidad es poco práctica. Piensa en una solución utópica, imposible o indeseable para millones de personas. Sirve para ignorar otras vías de plenitud humana, que sí son posibles y muchos prefieren.

 O qué tal una cita del segundo:

 ¿Puede decirse que los pobres no son solventes? Para mí es muy razonable decir que la verdadera pregunta que debe plantearse no es si los pobres merecen la confianza de los bancos, sino si los bancos merecen la confianza del pueblo…

Éste artículo de Yunus es una maravilla. Relata su experiencia en la fundación de un banco en Bangladesh cuyo propósito es otorgar microcréditos para ayudar a salir de la pobreza a los sectores más dañados de la sociedad. Esta experiencia ha trascendido al ámbito mundial, y aquí mismo en México se ha implementado con éxito. Hay otro artículo en la revista que narra un ejercicio similar con mujeres de Tabasco.

Así que les recomiendo el número de abril de Letras Libres. Les va a hacer reflexionar. Eso sí: hay un poema horrible de Antonio Deltoro que se llama El Pulpo pero pues nomás se lo saltan.

LiteraturaJan 26, 2006 12:58 pm

Desde el otro día que hablé de La Tempestad me quedé con las ganas de copiar aquí algunos fragmentos de la entrevista que le hicieron a Forrest Gander, poeta estadounidense, en el número 42 de la revista. En ellos habla de la poesía y de la vida espiritual de una manera que me parece interesante:

Estoy seguro de que todos tenemos ideas preconcebidas acerca de todo, y que una vida espiritual tiene que ver con no dejarlas protegerte de lo que no sabes. Los prejuicios pueden ser como gruesas cortezas de árbol de corcho, nos mantienen envueltos dentro de nuestra zona de confort. Quizá sólo se puede tener una vida espiritual o artística permaneciendo vulnerable, abierto y accesible…

Y más adelante:

Creo que en la poesía tenemos la oportunidad de cultivar una escucha no completamente diferente a la de la oración, una escucha a través de la cual alcanzamos intensas percepciones y sentimientos, nos damos cuenta de que hemos estado luchando a brazo partido con ellos durante mucho tiempo, pero que nunca los hemos articulado completamente. En profundos y poderosos modos de transformación nos encontramos a nosotros mismos…

Ahí se los dejo para su reflexión.

LiteraturaDec 05, 2005 7:30 pm

¿Ustedes qué dicen? ¿Mandamos a la… al libro de Bryce Echenique? ¿Qué tal al autor completo? ¿Qué tal al pinche premio Planeta?

El huerto de mi amada, premio Planeta 2002

LiteraturaNov 29, 2005 4:00 pm

Estoy leyendo El huerto de mi amada, de Alfredo Bryce Echenique, y no me está gustando casi nada. La historia no está del todo mal. Es la verosimilitud y el estilo lo que no me satisfacen. Estaba pensando que la última lectura que verdaderamente me complació fue Risas en la oscurdad, de Nabokov. Ni siquiera el muy laureado Diablo guardián fue de mi completo agrado. Como que este último lo partiría en dos, quedándome sólo con la historia de Violetta. Qué buen personaje, por cierto. Yo creo que en cuanto acabe con El huerto… o me canse de él, lo que ocurra primero, tendré que regresar a Saramago. Digo, para compensar.

LiteraturaSep 12, 2005 8:30 pm

Como prometí, a continuación transcribo el texto escrito por Liz Durand para la presentación del libro de poesía Jinete Del Aire, de Margarito Cuéllar.

Jinete en la suerte de hacer de la poesía, a decir de Holderlin: “…un juego que reúne a los hombres”. Lo sabe el poeta, la poesía está en todas partes y el territorio mágico de la existencia es su materia prima, es la sustancia que ahora nos convoca.

El pan de cada día es la palabra, dice Margarito Cuéllar. Galopa en voz de su poema, recorre los girasoles de Van Gogh, trota al paso por los alrededores del adiós a los grandes. El poeta oficia su palabra de luz, plantea sus dudas: busca en el paladar de las equivocaciones. Tiene la piel surcada por palabras y como dice Paz, las domestica y las somete hasta volverlas alhajas.

Margarito Cuéllar galopa en su memoria por ciudades de maíz en donde se murmura su nombre guardado debajo de las piedras. Nos toca con el vaho de las cantinas donde a veces ha rechazado una cerveza o ha celebrado encuentros venturosos. Va cada vez más lejos jineteando sus versos; sus palabras son cuerda que nos vuelca y ahí estamos, de bruces en medio del poema, percibiendo la parte de nosotros que contiene, reconociendo los latidos de la infancia, reviviendo el impulso de amores púberes, porque el poeta, con su obra, participa, hace que los demás tomen parte en lo que él tiene dentro.

Platón afirma en uno de sus Diálogos que “los poetas no están con la sangre fría cuando componen (…) sino que desde el momento en que toman el tono de la armonía y el ritmo, entran en furor”. Sin menoscabo de ello, Margarito Cuéllar es poeta contenido y preciso, y encuentro en su obra, casi como protagonista, al ritmo. Caracolea en los versos el jinete, nos comparte su celebración de la vida, porque no vamos a cortarnos las venas cuando terminemos de leerlo, más bien entraremos en esa intensidad -que imprime con aparente sencillez- cuando trotemos con él por el camino de sus devociones: de Fernando del Paso a la tragedia de Becerra, de la salutación a Paund a su diálogo con Sandburg. En la Saga del inmigrante cabalga con intensidad y frena entre los ruidos de la pizca a orillas de la noche para encontrarse con la mancha de cal que espera el alba para velar a su difunto y trota alrededor de la luna que no se cansa de entonar la canción del inerte.

Jinete del aire, Margarito Cuéllar trabaja a despecho de la sombra. Nos desmenuza el aire de su vuelo y comparte los versos que lo habitan como si así nacieran, con esas voces claras que tienen sus poemas, como si no hubiera viacrucis para llegar a la palabra precisa, a la medida del tono, a la preciosa vibración que nos provoca el ritmo para sumarnos a su obra, porque a nuestro poeta de esta noche le parece que eso es la poesía, entre otras cosas: la suma de voluntades entre el que la escribe y el que lee.
Disfrutemos, entonces, de esa voz.

LiteraturaSep 08, 2005 6:37 pm

Con todo y la fuerte gripa que trae Liz, esta noche presentará el libro de poesía Jinete del aire, de Margarito Cuéllar. Este libro es una recopilación inédita de uno de los poetas más respetados de Monterrey. Próximamente podrán leer el texto de la presentación en este sitio, para que tengan una idea del libro. Ojalá que pronto lo publiquen.