Acabo de regresar de comer de una fondita que queda a unas cuadras de mi casa. Como estaba llena tuve que compartir mesa con dos cuates, uno de ellos más joven, que estaban ya ahí cuando llegué. Al parecer el joven hablaba de un examen que acababa de presentar: "había unos números entre paréntesis y luego algo que parecía una U mayúscula y algo como otra U mayúscula pero al revés. Yo creo que era algo de lógica". El otro no sabía lo que le estaban diciendo. Así que ahí voy, de metiche. "Eso es teoría de conjuntos: la U significa unión, y cuando está al revés, intersección". Me agradecieron intervenir, y yo me disculpé por haberme metido en lo que no me importa. Y es que en verdad me dió pena porque supe lo que pasaría: se hizo un silencio incómodo. Después de mucho rato el muchacho volvió a hablar. Esta vez cambió de disciplina, de las matemáticas a la electricidad, y le preguntó directamente a su compañero si sabía cuándo el valor de una resistencia es mayor, si cuando está en serie o en paralelo. El otro, de nuevo, no sabía y yo ya no quise meterme…
Desde chiquillo he aprendido que más vale ser preguntón y metiche que quedarse callado con su ignorancia. Mi tía Martha todavía me dice que yo era el niño más preguntón que haya conocido. Más tarde, cuando tenía alrededor de catorce o quince años y empecé a aprender computación, tuve que enfrentarme a muchos obstáculos. El inglés técnico, por ejemplo. Luego ésa actitud a la que intento referirme en este texto: la vergüenza de no saber y la envidia para compartir lo que se sabe. Muchas veces tuve que soportar majaderías de personas que sabían más que yo, todo fuera por aprender. Desde mi amiguito que tenía una computadora cuando yo no la tenía hasta los "nerds locales" que existen en cada organización y que protegen lo que conocen como si fuera su bien más preciado.
Aún ahora, la que creo que es mi más importante capacidad es la de aprender. Antes me angustiaba cuando me enfrentaba a un tema o área que no conocía. Ahora sé que no importa qué tan difícil sea entender algo, con el debido tiempo, lo comprenderé. Y recuerdo con mucho cariño y respeto a aquellos maestros que he tenido que nunca lo pensaron dos veces antes de enseñarme lo que sabían. Creo que me demostraron que las personas que más enseñan son siempre las más sabias, y que el mejor camino para aprender, es enseñar con el corazón. Desde aquí les mando un saludo a dos de mis mejores amigos y maestros, los excelentes Jesús Reynaga y Salvador Ortiz. Todas las personas que me han enseñado algo en la vida, disculpen la omisión, pueden estar seguros que de cuando en cuando los recuerdo a todos.

Sin olvidar a los que en algún momento de la vida te lastiman, hacen daño o sus actos te duelen, de estos tambien se aprende!!!
naye — Jun 08, 2009 @ 5:37 pm
Mi querido Alex, tu comentario me conmueve, gracias querido amigo. Hay tantas charlas pendientes y tantas cosas que aprendernos. Recibe un abrazo fuerte, siempre estás en mi corazón querido amigo.
Jerf — Aug 07, 2009 @ 11:38 pm