Argentina, durante la junta militar. La Ford pide el “apoyo” del gobierno. Ya no quiere seguir entregando el 1% del valor de venta de cada uno de sus autos a programas de asistencia social. Quiere que sus empleados hagan su comida en un periodo de 20 minutos, en vez de una hora, La junta militar está feliz de ayudar, así que invade las instalaciones de la Ford con soldados, incluso con un tanque. Instala un campo de concentración, o bueno, una oficina de concentración en las mismas instalaciones. Los empleados problemáticos son señalados por la administración de la fábrica y removidos de su lugar de trabajo por los militares, todo en completo público y de manera regular. Los empleados son golpeados y torturados mediante electroshocks. Muchos de ellos mueren.

La Ford, feliz con los resultados, provee a la policia secreta de su flotilla de Ford Falcon. El Ford Falcon se recuerda todavía en Argentina como un símbolo del terror.

(de mis lecturas de La doctrina del shock, de Naomi Klein…)