Qué difíciles tiempos nos está tocando vivir. Acabo de hablar con un buen amigo del DF y de plano me dijo que la gente por allá está muy sacada de onda. Me imagino que sienten miedo, como el resto de nosotros, y quizá ellos más porque están en el centro de esta epidemia.

La verdad es que todavía están por verse los efectos de esta crisis. Es muy probable que los estragos que está causando sean debidos en parte a la mala preparación de nuestras autoridades sanitaras para hacerle frente. Los detalles de esto están empezando a salir poco a poco en los diarios: desde el 2004 se sabía que había que fabricar una vacuna, por ejemplo. Nuestro gobierno, al parecer, y esto no nos resulta nada nuevo, favoreció a empresas extranjeras en este asunto de la vacuna. Y claro, ellas no mueven un dedo sin ganancias. A lo mejor lo que estaban esperando era esto.

Pero no nos adelantemos. Veamos qué sucede. Estemos atentos para no contagiarnos del virus ni del miedo. Y estemos atentos también para no permitir que los políticos de siempre hagan su agosto con la tragedia. Los políticos neoliberales que nos gobiernan y sus compinches en Washington saben aprovechar muy bien las crisis. No dejemos que nos vean la cara de nuevo.

A mis amigos y a cualquiera que lea estas líneas, les deseo lo mejor. Y mucha salud, por supuesto.