Ayer Liz y yo estuvimos viendo los videos de nuestras vacaciones de hace dos años, cuando tuvimos oportunidad, después de ahorrar como loquitos, de irnos a visitar a nuestro amigo Harmodio a Francia. No habíamos visto los videos que tomamos entonces y… ¡qué chulada! Vernos de nuevo recorriendo las calles de París, maravillándonos ante sus obras de arte, conviviendo con los amigos… Particularmente el video que vimos ayer nos gustó mucho. Creo que captura lo que para mí fue recorrer esas calles llenas de historia, sus espacios pequeños y acogedores a media luz. Otra escena muy padre fue cuando estábamos planeando el viaje a Amsterdam en el departamento de Harmodio. Él buscando tarifas en la computadora, Liz escribiendo su diario, yo filmándolos a los dos y haciendo bromas tontas. Nos la pasamos bien a gusto.
Si acaso volví a grabar una o dos ocasiones más antes de que me robaran el adaptador de corriente de la cámara en un episodio que creo que registré por aquí en alguna parte. Ya ubiqué dónde puedo comprar el cargador, así que, aunque la camarita ya no es el último grito de la moda y quizá me cueste un poco encontrar los cassettes de 8mm, creo que la desempolvaré y la pondré a buen uso.
Resulta conmovedor dejar que el video nos devuelva esos momentos que de pronto nos parecen tan lejos, perdidos. Tan conmovedor que no se resiste uno a intentar de nuevo ese registro, para algún otro día en el futuro en el que podamos necesitarlo.

En efecto, ese registro de los momentos que uno vive y que no se pueden repetir me parece genial, un día te comentaba con respecto a la documentación que hay sobre los Beatles. No necesitamos ser grandes o famosos para tener el nuestro, ¿verdad? así que ¡anímate a cargar la cámara de nuevo! Además, te quedaron muy bien cinematográficamente hablando, corazón.
Liz — Oct 16, 2008 @ 11:33 am