En este país, el consumidor de droga se encuentra solo, entre la espada y la pared. Por un lado los dealers que lo presionan y exprimen, y por el otro la “autoridad”, que insisten en criminalizarlos en vez de reconocer en ellos un problema de salud pública.

De todo esto habla Marco Rascón en su artículo de La Jornada, titulado Drogas y recesion:

Primero te la ofrecen por teléfono. Tú les dices que no y cuelgas. Ellos insisten a toda hora diciéndote que te la entregan en tu domicilio o en el lugar que tú les digas.
Un día, acosado por los problemas, la tensión, las presiones… aceptas…

El camino puede terminar en la cárcel o en la muerte si no se tiene mucho, pero mucho cuidado. Y mientras siguen rodando cabezas, literalmente, a lo ancho y largo del país, apenas comienzan a aparecer las iniciativas para despenalizar el consumo de algunas drogas. Apenas. Pero si esto sucediera, sería un gran avance. Se estaría reconociendo que el problema no son los consumidores, muchos de ellos ciudadanos comunes y corrientes, abrumados quizá por problemas personales, financieros o de trabajo, víctimas no sólo de la delincuencia y los traficantes sino de las políticas estúpidas y cínicas de los gobiernos que van destruyendo día a día a la sociedad entera.

Si esperamos salir algún día de todo esto, necesitamos darle a todo aquel que lo necesite, una ruta de salida y la posibilidad de tener una vida digna y productiva. Pero es una lástima que en los hechos los gobiernos continúen criminalizándolo todo y a todos. Como cuando los guaruras de Calderón se llevaron detenidos a dos muchachos durante la entrega de los Premios Nacionales de la Juventud. Uno de ellos, varias veces premiado, por cierto, y con 18 o 19 años de edad, le gritó en su cara a Calderón “espurio”. El otro gritó “aquí no hay libertad” justo cuando el mandatario presumía de la misma. Los remitieron al ministerio público “por la probable realización de conductas que son sancionadas penal o administrativamente por la legislación vigente”. Probablemente. Vaya actuación de “la ley”. Cuánto nos falta por avanzar.