We didn’t start the fire
It was always burning
Since the world’s been turning
We didn’t start the fire
No we didn’t light it
But we tried to fight it

Billy Joel

Hay algo que el presidente Calderón no entiende, o pretende no entender, acerca de la toma de tribunas: el pueblo tiene que hacerse escuchar. Así de sencillo. Desde las pasadas elecciones presidenciales, la mayor parte de la población de este país no tiene representación, no tiene quién le de voz, no tiene defensa ante la voracidad capitalista.

Y Calderón no está solo. La camarilla de seudoanalistas que domina la televisión nacional se presta a la misma descalificación de las manifestaciones populares. Algunos supongo lo harán por convencimiento (!!??) y otros seguro por el ánimo de quedar bien con la élite.

Pero mientras no exista una izquierda verdadera en nuestro país, un balance real, imaginativo e inteligente, que proponga y construya alianzas, pero que sobre todo esté interesado en el bienestar de las mayorías, no se puede pedir que el pueblo se abstenga de gritar, de salir a la calle y de arrebatar cada espacio que pueda para hacerse escuchar.

El desmantelamiento de los mecanismos adecuados de protesta empezó hace mucho ya, y la iniciarion aquellos mismos que ahora se quejan. Hasta el mismísimo Zabludovsky, que todos sabemos que se quedó callado innumerables veces, se da cuenta de esta realidad:

“El presidente Calderón dijo que era ridícula la toma de las tribunas. Pues sí, pero tal vez algunos lo creerán, como el señor Presidente, que fue ridícula; otros creerán que fue indebida, otros creerán que fue ilegal, otros creerán que fue arbitraria; pero si no hubiera sido por eso ahorita ya estaría aprobada una ley sobre el petróleo que no hubiera sido discutida.”