Hacía días que quería compartirles mi sorpresa por la entrega del Nobel de la paz a Al Gore. Y es que simplemente no entiendo cómo se le puede dar un premio por la paz a cualquiera que haya sido miembro reciente del gobierno más beligerante de los últimos tiempos.

Si tan sólo se lo hubieran dado a un miembro de la sociedad civil. ¿Pero a alguien que trabajó en la Casa Blanca?

Hasta allí llegó mi credibilidad para los nobeles. Mi tristeza por la hipocresía y el descaro que privan en nuestro maltrecho mundo sigue en aumento.