Lo que necesitas es una bicicleta
Una de las actividades que más disfruté en mis pasadas vacaciones por Europa fue andar en bicicleta. Fue una experiencia breve, pero padrísima. La primera vez fue en Berlín, en donde renté una típica bicicleta berlinesa (en realidad era holandesa, pero bueno) de ésas con canastilla atrás, campanita, lámpara alimentada por dinamo, y una larga lista de etcéteras. Me paseé por el Tiergarten, qué maravilla de parque, de veras, la puerta de Brandenburgo y la estación principal del tren. Conducir una bicicleta en Berlín es completamente gratificante. No sólo existen carriles dedicados exprofeso a este vehículo, sino que el orden y el respeto a los señalamientos hace sumamente sencilla la circulación.
En París fue muy diferente. Harmodio me prestó una bicicleta que estaba en muy buenas condiciones salvo los frenos, había que tener cuidado con ellos pero no era gran problema. El asunto es que los parisinos no son como los berlineses. Para empezar, el carril de las bicicletas se comparte con los taxis, los camiones, y las motos. Los conductores de taxi y los de moto son medio cafres y hay que estar a las vivas, y la densidad de vehículos me pareció mayor.
Claro que uno, que pasó años aprendiendo el fino arte del toreo de autos en la Ciudad de México, no se impresiona tan fácilmente. Es más: me atrevo a decir que llevamos la delantera sobre conductores de otras latitudes. No nos intimidamos con el rugido del camión pegado a la oreja, y sin inmutarnos le mentamos la madre al conductor de taxi que se nos cierra.
Pero lo que es sumamente gratificante es la sensación de libertad que le da a uno el poderse mover por impulso propio, no depender de ningún auto o del metro. Andar a su propio ritmo pero además rápidamente, porque como quiera la bicicleta no va tan lenta; y además puede uno gozar del paisaje como no se puede de otra manera, sobre todo cuando aborda uno el metro. Ni qué decir del ejercicio. Harmodio dice que nada más de trasladarse con su bici por la ciudad tiene para mantener a raya la pancita cervecera. Se lo creo: yo hice tanto ejercicio que llegué empapado de regreso de mi paseo al Sena. Y es que para colmo me metí a Montmartre en vez de darme la vuelta por otro lado, pero eso ya es culpa mía…
Creo que sería una excelente idea que la Ciudad de México impulsara el uso de la bicicleta. Ya sé que no sería algo sencillo de hacer, habría que enfrentar un montón de obstáculos, sicológicos, sociales, logísticos y de toda índole. Pero la ganancia me parece que podría ser enorme. Menos contaminación, gente más saludable, menor congestión vehicular y de los otros medios de transporte (hay que ver cómo se pone el metro en horas pico). Ya sé que la Ciudad de México es enorme, y que no se puede recorrer así nomás en bicicleta, pero combinando trayectos en metro, por ejemplo, y en bici, saldría muy bien. ¿Será algo que podrían hacer las nuevas generaciones?
Ya cuando uno empieza a decir “las nuevas generaciones” haciéndose la esperanza de que ellas hagan lo que no pudimos hacer nosotros, es que ya estamos… pues bueno, ya ustedes tienen la idea.
A mi regreso a Monterrey no pude dejar de mirar con codicia las bicicletas que cuelgan de su llanta delantera en los anaqueles del Sams. Claro que andar en bici en Monterrey es algo sólo apto para suicidas o por lo menos masoquistas. Sería sólo para andar con ella en Fundidora. Pero eso, comparado con lo otro, es como ver a un leopardo corriendo en la sabana y luego verlo dando vueltas en una jaula del zoológico.

Bici en la ciudad de México…
Mejor ni me lo imagino. Hay cosas en las que uno puede poner su granito de arena, como lo es el no fomentar la pirateria, el ser más abierto a las opiniones de los demas, pero exponerse en una bici, francamente es como aventarse de una avioneta al mar muerto sin paracaidas!
En fin, la opinion de uno de los millones que vive en esta H. Ciudad de México.
deckard — Oct 19, 2006 @ 7:09 pm
Me gustó lo que escribiste de la bicicleta, yo también conocí a la perfección Berlin en bici….sigue siendo una experiencia inolvidable y lo que hice llegando al DF fue comprarme mi bici, y lo que nunca creí….boté el auto y los trayectos los hago entre la bici y el metro
y solo en raras ocasiones manejo…
Llegué a tu blog por el blog de Nordelterror, yo soy una pintora amiga de ella y ahora también estoy sufriendo de rinitis.
ah! y también tengo un blog: http://odettefarrell.blogspot.com/ pero no escribo tanto como ustedes.
Odette — Jan 17, 2007 @ 7:23 pm