Una de las cosas que más extraño de la Ciudad de México en estas fechas es la panadería Ideal, de 16 de Septiembre, en el centro. La conocí hace más de doce años cuando llegué a trabajar en el edificio de Banco Somex en Gante. A media mañana, cuando estaba redactando algún artículo para la revista, o cuando estaba formando sus páginas en una versión antiquísima del Pagemaker, subía el aroma del pan recién horneado hasta mi ventana. No quedaba nada por hacer sino una visita relámpago para hacerme con un par de pastelistos deliciosos. Qué digo un par: creo que llegué a zamparme hasta tres de ellos de un sólo golpe. Deliciosos.
Pero la rosca de reyes de la Ideal es, definitivamente, la mejor rosca de reyes que he probado. Para mí, las roscas de reyes habían sido toda la vida esos panes medio resecos, con su costrita horneada simplona y unas cuantas rajas de fruta seca. Y qué con la azucarita cristalizada. Nada que me emocionara en realidad. Pero la rosca de reyes de la Ideal es otra cosa: suave, con verdadero buen sabor, las frutitas frescas….
Es tan buena, que si ahorita, seis de la tarde del cinco de enero, van a ustedes a la panadería, encontrarán una multitud que, encarnizada, se pelea las últimas cajas de rosca. Lo sé porque estuve ahí. Había gritos y sombrerazos, y la gente se llevaba las roscas por decenas. No exagero. Yo me llevaba por lo menos dos, a veces tres. A muchos que ya hicieron acopio de roscas en la semana los verán revendiendo por toda la ciudad. En las esquinas, en las entradas del metro. ¿Les mencioné que hay gente que vive durante todo el año reviendendo pan de la Ideal en las oficinas de la ciudad?
Pues como digo: este año voy por una rosca, pero al Walmart. Guac. Nomás me acordaré de la Ideal, ni modo. Quizá debí preveer que algún familiar me enviara una rosca por paquetería. Seguro que no habría sido la única en las camionetas de FedEx.
