Ahora que ya pasaron las fiestas, pero sobre todo ahora que ya estoy mucho mejor de esa gripe mareadora que me tuvo todo el fin de año a medio gas, es mi turno de desearle un excelente y felicísimo año a mis amigos que visitan estas páginas.
A medida que me voy haciendo viejo (qué maravillosa enfermedad la juventud) va cambiando mi idea acerca de la vida. A veces creo que cada vez entiendo menos. A veces siento que lo entiendo todo y entonces el asunto se simplifica. Pero de todas las hipótesis quizá la más plausible es la que puede parafrasearse con letras de Lennon & McCartney: la de que la vida es un viaje mágico y misterioso en el que todo lo que necesitamos es amor.
O sea que para mí, y ya sé que quienes me conocen a veces percibirán otras cosas, porque yo mismo estoy siempre a la búsqueda de ese significado que se escapa— la vida es una aventura. O más bien: sólo como una aventura es que vale la pena vivir la vida.
Para acabar pronto y seguir con cosas menos evasivas, quiero desearles a todos mis amigos una feliz aventura. Hay que gozar y sufrir como verdaderos locos, pero nunca cerrar los ojos. Escucharlo todo pero nunca creer nada a pie juntillas. La vida es grande y hermosa, hay que verla como una obra de arte, pero nunca meterla en un museo.
