Me fascinaba la sola idea de ir a ver a Cirque du Soleil en vivo. Creo que los vi muchas veces en televisión y me encantaron siempre, había números que simplemente… Como los acróbatas que ejecutan una danza enredados en largos lienzos colgantes, por ejemplo. Qué sensualidad. Así que pagamos los boletos, caros pero bueno, es el Cirque Du Soleil, y nos lanzamos el pasado fin de semana. Y estuvo muy, muy bonito. De verdad. Y perdón por decirlo, pero es sorprendente cuánto difiere Cirque du Soleil de algo como el Circo Atayde y cuánto, a la vez, se le parece. Y es que cuando uno ve los videos no sólo se pierden las dimensiones del espacio en que ocurren las acrobacias, sino que deja uno de percatarse de que en realidad, aquéllo es un circo. O sea: una carpa levantada a mitad de un terreno descampado, con gradas más o menos incómodas, y con payasos y trapecistas.

Pero es que hasta allí llega la similitud de Cirque Du Soleil con los demás circos que yo había conocido. Porque si bien la carpa es pequeña (yo la imaginaba enorme, como tendría que ser la carpa de un circo de clase mundial, según yo) cuenta con aire acondicionado, gracias a dios porque estamos en Monterrey; las sillas son eso y no unas tarimas, y todo huele bien, o por lo menos no huele a león y a elefante. Es más: todo está limpísiomo y en excelente estado. Y luego empieza la función, salen los payasos, los trapecistas y uno de veras dice: en la tele se ve todo pues no sé… como en la tele. Esto es un circo. Un circo hermoso, pero un circo. Y los espectáculos son impresionantes por su pulcritud y su atención al detalle. Los vestuarios, la música, la iluminación… todo excelente. En particular disfruté el número de las pelotitas: la chica manejó con tranquilidad hasta seis, subió y bajó escalones rebotándolas al piso, ¡y luego todavía hizo algunas suertes con diez de ellas!

Pero pues al final extrañé la danza aérea de las enormes telas, a la multitud de chinos flexibles que vi en la tele y creo que alguna que otra cosa. O sea que hubiera querido ir a ver Dralión o algún otro show y quizá no Saltimbanco, pero se hace lo que se puede. Yo recomiendo de todos modos asistir si pueden. Ya sabe cómo soy: un tanto rejego siempre. Pero no vayan a creer que no me gustó.

Como nota final agrego que me encanta que Cirque Du Soleil no cuente con animales. Lo de los animales es cruel y anacrónico. Por el contrario, Cirque Du Soleil es como una fiesta del cuerpo y el espíritu humanos. De su belleza, su fuerza y su flexibilidad.

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