Hace algún tiempo, en medio de una plática sobre carga de trabajo, estrés y la conveniencia de alimentarse de manera adecuada, mi amigo Ramiro Iturralde me platicó de ciertos complementos vitamínicos que, según él había leído en un éstudio comparativo muy profesional, eran los mejores para proveer al cuerpo de de todas las substancias necesarias para su buen funcionamiento, mismas que frecuentemente no consumimos porque nuestra dieta no es la adecuadada. Ya sabemos cómo funciona esto: uno come lo que puede y cuando puede. A veces una hamburguesa a la carrerita, a veces unos tacos. Y las vitaminas y minerales, bien gracias.
Ramiro me prestó el estudio, que puede conseguirse en Amazon, y que en efecto muestra a los productos USANA como los mejores bajo un cierto número de criterios que, sin ser yo ningún profesional en la materia, me parecieron todos muy razonables. Al leer en el mismo documento el análisis de mi suplemento vitamínico de confianza, Centrum, pues qué puedo decir… me sentí un poco robado. Es decir, que si nos atenemos a lo que dice el estudio, que parece ser imparcial, científico y todo lo demás que uno espera en estudios como éste, pues la mayoría de los suplementos vitamínicos que uno suele encontrar en las farmacias son eso: un robo.
Y bueno, el primer problema entonces para salir de mi error era, de entrada, conseguir el producto de USANA, porque para empezar, no se distribuye de manera conveniconal, sino a través de un mecanismo similar al de Amway. Eso que llaman mercadeo multinivel, o sea que lo consumimos acá los cuates y vamos extendiendo nuestro círculo de amigos para que todos gocen de los beneficios. Y de paso nos forramos los de arriba de lana, ¿no? Como durante varios meses no tuve idea de dónde comprarlos, y además el correo electrónico que envié al sitio de USANA no sirvió de gran cosa, me olvidé del asunto.
El pasado fin de semana, sin embargo, acudimos a una de esas ferias de propósito específico poco claro que de repente se organizan en el Cintermex de Monterrey. Me refiero a que son ferias que reúnen prácticamente un poco de cualquier cosa y cuyo único propósito es vender, no informar, ni dar conferencias ni nada. Ahí había un local de USANA, curiosamente porque se supone que los negocios multinivel no se promocionan de esa manera, ¿o me equivoco? Y entonces sí vino el mayor problema. El precio del producto. Y es que vaya precio: más de setecientos pesos por cápsulas (o pastillas o lo que sean) suficientes para un mes. Guau. Más de tres veces lo que pago por el Centrum. O sea que quizá sean una maravilla y todo, y luego de tomarlas por un mes me siento como quinceañero, aunque francamente lo dudo; y vaya, si quisiera que Liz y yo nos mantuviéramos bien vitaminados tendría que desembolsar cerca de mil quinientos pesos al mes…
Así que mejor seguimos intentado alimentarnos sanamente, que siempre lo hemos hecho, como quiera, y creo que francamente ahí la llevamos; Me queda la idea, pero esto no es ninguna novedad, de que la salud, según la retrata nuestra modernidad publicitaria, cuesta demasiado, y que las mejores cosas de la vida, son gratis. O casi gratis, que no es lo mismo, pero es igual.
