Incluso antes de que haya llegado el huracán a Monterrey —me refiero al huracán en sí, los vientos que lo preceden ya están aquí— ya me pasó a afectar. Tenía programada una reunión de trabajo que se tuvo que cancelar. Según veo en algunos mapas de pronósticos, los vientos que correrán sobre la ciudad tendrán una velocidad cercana a las 70 millas por hora. Es demasiado, ¿no? Monterrey tiene una historia de terror relacionada con huracanes: Gilberto. Fue una tragedia con muertos y heridos además de las pérdidas materiales. Parece que la mayor desgracia fue que nadie pensó en que el rio Santa Catarina, que atraviesa la ciudad de poniente a oriente, y que de ordinario está seco o con poquísima agua, se fuera a desbordar completamente por las lluvias. Y si pensamos que ese rio se utiliza desde no sé cuando para toda clase de cosas, desde campo deportivo a espacio para montar circos… El año pasado asistí a una exposición de fotografía sobre este evento. En una de las imágenes se apreciaba una rueda de la fortuna (sí, de esas grandes, con canastillas en donde se sube la gente) siendo arrastrada totalmente por la corriente. Tenebroso.
Seguro que no se pone así esta vez, la alerta ya sería a estas alturas un escándalo, pero como quiera nunca hay que olvidar que a la naturaleza le gustan las sorpresas. Posteo aquí una liga a un pequeño artículo sobre el huracán Gilberto en donde se aprecia el río Santa Catarina a toda su capacidad:
Gilberto, el monstruo de viento y lluvia
PD: Lo que yo sí pienso disfrutar es la caída de la temperatura. Estas últimas semanas han estado insoportables para mí, que no soy norteño y no estoy acostumbrado a los 40° a la sombra.
