Creo que algunas de las reflexiones que he hecho sobre este asunto de Memín Pinguín vale la pena compartirlas. La primera es obvia. Resulta sorprendente la desvergüenza con que el gobierno de los Estados Unidos reprueba a otros gobiernos por asuntos en los que incluso ellos mismos fallan de manera espectacular. La democracia es uno de ellos, por supuesto, y para muestra está el botonzote de Irak. Ahora viene el asunto de la discriminación racial, en el que estoy seguro que ellos han hecho grandes avances, sobre todo si se considera que hace menos de cincuenta años a los negros se les asesinaba masivamente sin más razón que por su color. Dudo mucho, por otro lado, que la cuestión racial esté completamente zanjada en los EU, considerando sobre todo, que los cambios más evidentes son completamente cosméticos y superficiales. Su political correctness que sólo toca el discurso, remplazando términos como black por otros más rimbombantes como african-american. El lenguaje, utilizado de esta manera, sin ninguna intención de respaldar una transformación de la realidad, es pura demagogia, se devalúa y pierde su significado.
Sin embargo, creo que quedarnos en el nivel de decir que los Estados Unidos no tienen autoridad moral para reclamarle a los demás países en asuntos de recismo o democracia es insuficiente. La necesidad de reflexionar sobre nuestros propios fenómenos se impone.
Lo digo por anticipado: no estoy seguro de que la historieta de Memín en realidad tenga una carga racista. Sólo la leí por un periodo muy corto y cuando yo era muy pequeño. Algunas cosas que he encontrado en la red, en la wikipedia, por ejemplo, me hacen pensar que la historieta planteó, en varias ocasiones y de manera constructiva, interesantes reflexiones sobre el tema de la discriminación.
Habiendo hecho esa aclaración, paso a decir que me parece que están equivocados aquéllos que dicen que en México el problema del racismo no existe, no es importante o no grave. Ciertamente en México casi no se ejerce discriminación contra los negros. Y eso por una razón muy sencilla: un gran porcentaje de los mexicanos son de piel oscura y en cambio existen muy pocos negros del tipo afro-americano. ¿Pero qué tal la discriminación contra los indígenas? ¿En qué términos se refiere la sociedad mexicana a ellos, no sólo en el discurso público, sino en el privado, a nivel familiar, por ejemplo, o en conversaciones de amigos, en chistes. etcétera? Uno podría decir que todo es en tono de broma, que los mexicanos nos reímos de todo, y esto es muy cierto.
Sin embargo, la realidad demuestra que los pueblos indígenas de nuestro país viven en la completa marginación y en el abandono. Nunca han sido integrados a esa nación moderna que lee historietas y que discute si es o no es racista o discriminatoria y que le reclama a los Estados Unidos su doble discurso. Los pueblos indígenas permanecen ahí, como curiosidad antropológica o peor aún, haciendo el trabajo que, como dice nuestro presidente Fox, ni los mexicanos verdaderos queremos hacer: en nuestros cuartos de lavado o podando céspedes. la actitud paternalista de nuestros gobiernos ha fallado en mejorar su calidad de vida, ha fallado incluso en modificar la percepción del país en su conjunto acerca de este segmento de la población, manteniéndolo efectivamente al margen de todo y de todos.
Lo que a mí me parece que en realidad ocurre, en resumidas cuentas, es que México y los Estados Unidos son dos países muy diferentes. Mientras que la sociedad norteamericana es sobre todo liberal, la nuestra es una sociedad tendiente al estatismo, a que las cosas sigan como siempre han sido, fundada sobre rígidas bases católicas clasistas, herencia de nuestros conquistadores españoles. Y estamos bastante a gusto como somos, con nuestras diferencias abismales, con nuestra discriminación que queremos pensar que es light. El cambio a una sociedad más igualitaria, más democrática, más abierta, no se nos ha dado hasta el momento. Quién sabe si algún día los Estados Unidos o nosotros seremos lo que decimos que somos, o lo que queremos pensar que somos. Para empezar deberíamos ser más honestos con nosotros mismos.
