Cosas que recuerda uno viendo videos ochenteros. De repente pienso que yo en realidad no sabía identificar a un hombre sexy. Ustedes dirán que por obvias razones, que sólo una mujer o un gay podrían hacerlo. Pero bueno, yo me refiero a saber ver en un hombre las características que lo pueden hacer atractivo a una mujer. Y me doy cuenta de que no sabía porque cuando tuve la oportunidad de confirmar opiniones acerca de la sensualidad de un hombre vi que no sólo se me consideraba perdido sino que yo mismo no comprendía los gustos de mis amigas.
Y es que yo soy ochentero declarado porque mi juventud transcurrió en los años ochentas, y además me encantaba (y me sigue encantando) la música pop. Eso quiere decir que me tragué por los ojos lo arquetipos que la televisión tenía para darme. Uno de ellos era el del tipo exitoso con apariencia sofisticada; muy arreglado, muy posado y muy… pues francamente joto. Y no me pregunten: pregúntenle a Don Johnson, que era uno de los que se veían más machitos. NI hablar de George Michael, claro.
El caso es que yo me creí que eso era lo que una mujer consideraba “un hombre sexy”. Claro que ahora sabemos que muchos de ellos eran simplemente gays. Digo, perdónenme pero yo venía adorando a las mujeres desde los 7 años, y lo hacía a alta velocidad…
La verdad es que sigo sin saber lo que es un hombre sexy, pero además ya perdí la curiosidad. Quizá un poquito es el cansancio que imponen ya los años (no me refiero al cansancio físico ni a la edad, sino al cansancio de ir por los años tratando de entender los gustos de las mujeres), pero es principalmente porque he llegado a la conclusión de que construir nuestra visión del mundo a través de los arquetipos que la televisión. Las modas y en general el mundo comercial nos imponen es completamente suicida. Creo que es sumamente importante que sepamos qué nos gusta exactamente, qué queremos para nosotros y qué es lo que en realidad pensamos, sin imponer un punto de comparación preconcebido al mundo que nos rodea, y en particular, a las personas que nos rodean, a quienes nunca, por más allegados que estén, conoceremos verdaderamente en toda su dimensión.
Creo que si nos animáramos a dudar de nosotros mismos un poquito, podríamos llegar a aceptar que no estamos seguros de saber qué es lo que en realidad queremos, lo que nos gustaría (o simplemente lo que pensamos acerca de algo). Presiento que lo mejor de todo vendría después de reconocer esto, porque no nos faltarían ganas de averiguar. Quién sabe. En una de ésas resulta que soy sexy.
